Argentina: Cumbia y racismo: ¿La música de los negros?
Es común subir a un colectivo y escuchar una cumbia. Es mucho más habitual que al transitar cerca de una estación de trenes se escuchen en todas las disquerías. Hay que ser sordo para no percibir cuántos autos nuevos, lujosos, impecables, tienen en su auto stereo a todo volumen, sonando alguna cumbia o cuarteto.
Usted está en ningún boliche de Buenos Aires si durante toda una noche no escuchó y bailó a Rodrigo, a Ráfaga u otro grupo tropical. ¿En que fiesta de casamiento sea en Lugano o en San Isidro no se escucharán los más famosos hits de la movida tropical?
¿Cuánta hipocresía en las clases media y alta no?
En sus oficinas o en sus reuniones familiares no se cansan de decir: 'música de negros', pero en privado o cuando están en alguna fiesta se activa una química especial que los transforma y los hace mover como epilépticos ante su ritmo. Parecería que temen reconocer individualmente que se divierten con nuestra música. ¿Qué es lo que no les permite reconocer en público que se divierten con nuestra música? ¿Sienten vergüenza de divertirse con cosas simples? ¿Sólo se pueden divertir con la sofisticación de Pinti que le dice una y otra vez son una manada de idiotas de una forma tal que no les queda otra alternativa que reírse? ¿Por qué soportan el 'chiqui pum disco' monótono y reiterativo y dicen no tolerar el 'rasca rasca' de una cumbia? ¿Penetración cultural?. A veces pienso que escuchar música simple, cuyo único objetivo es hablar de cosas de todos los días con un ritmo alegre, los hace sentir que se desvalorizan: ellos están para 'cosas importantes'. Ellos están para dedicar 5 horas a entender una letra del genial Luis Alberto Spinetta o para tomar tomar conciencia de la problemática social escuchando a León Gieco mientras se apresuran a subir la ventanilla del auto cuando un niño, tal vez descalzo, se acerca a ellos mientras los detiene un semáforo. ¿Habrán leído El Principito?
Sin duda que nosotros somos más simples, más elementales, y no nos avergüenza serlo. Nosotros, al igual que ellos escuchamos a la Negra Sosa, a León, A Fito, a los Redondos, a Luis Miguel, a Cristian Castro, A Marc Anthony y no los escuchamos como un fenómeno raro, pensamos que en diversos momentos podemos tener ganas de escuchar cosas distintas. Quizás tenemos más resistencias al 'chiqui pum disco' (con el que muchos se divierten) que para nosotros -que somos negros que no sabemos inglés- está vaciado de contenido, pero, no lo discriminamos.
Ellos quieren pero no les sale...
Creo que íntimamente ellos quisieran divertirse tanto como lo hacemos nosotros, pero no les sale. Tienen tantos prejuicios que se autoimpiden el acceso a la diversión por la diversión misma. Sin embargo en cuanto encuentran una excusa para sortear la carga de prejuicios se lanzan desaforados a la diversión.
Un
claro ejemplo de esto es lo que sucedió durante el 2000
cuando amplios sectores medios y altos han vuelto a
coquetear con nuestros ritmos producto del furor que provocó
Rodrigo y que se acentuó luego de su trágica desaparición
cuando todo el género volvió a ganar protagonismo
rompiendo los límites de su lugar de origen: las clases más
humildes.
Muchos podrán decir que Rodrigo era otra cosa: 'no era
negro', era carilindo, estaba 'fuerte', tenía unos ojos
alucinantes, no se comía las eses y podía hacer frente a
cualquier reportaje... Tienen razón, pero no estamos
hablando de personas sino de música, de ritmos. Los
cuartetos que interpretaba Rodrigo eran los mismo que los de
La Mona, que los de Walter Olmos, los del 'turco' Oliva. Las
cumbias que cantaba Rodrigo, no eran distintas a las de
Daniel Cardozo, Gastón Angrisani, Onda Sabanera y tantos
otros. Entonces ¿Cuál era la diferencia?. Aquí la excusa
fue la personalidad de Rodrigo pero no debemos olvidarnos
que algo similar había pasado con Riki Maravilla -que no
daba el mismo perfil- quien era contratado para fiestas
privadas a pesar que su cachet superaba los 8 mil dólares.
También había sucedido con Lía Crucet que daba conciertos
en lugares nada bailanteros como El Dorado. Con Los Charros
o con Grupo Sombras que sonaron en todas las disco.
¿Por qué será que los segmentos medios y altos prefieren mostrarse como retrógrados fascistas en lugar de reconocer que también les gusta la música que les gusta a 'los negros'? ¿Por qué se muestran mirándonos como si estuvieran frente a una fenómeno paranormal en un circo?
La realidad muestra que se rompen fronteras
La
primera gran conquista de la música tropical para comenzar
a trasvasar sus propias fronteras fue lograr un programa de
televisión en una emisora abierta. Ese programa fue
creado por el fallecido Roberto Fontana. Era emitido
por el Canal 2 de la provincia de Buenos Aires que llegada a
toda la provincia, mucho más que a su vecina Capital
Federal. Originalmente se trató de promocionar a los
grupos con el fin de vender muchos más show en las
bailantas -grandes galpones muy distintos a lo que son los
bailes hoy-. Con Riki Maravilla, Alcides, Malagata y otros
'grandes' del momento se produjo un explosivo crecimiento de
audiencia. Simultáneamente subían los niveles de ventas de
discos y la cantidad de gente que movilizaban en los bailes.
El éxito de emprendimiento fue más allá de las
expectativas que se tenían. Podríamos decir ese fue
el mejor momento del negocio, los músicos andaban en autos
0km importados, todo era ostentación.
Este fenómeno comercial llamó la atención de otros
canales de televisión abierta de la Capital Federal que no
quería perderse semejante negocio. A pesar de que diversos
programas comenzaron a contratar a esos artistas como
invitados no pudieron apartarse nunca de una postura
ampliamente discriminatoria* y casi fascista y lo
manifestaban abiertamente tratando a los artistas como fenómenos
de circo. Músicos y representantes, sin embargo, daban
cualquier cosa para estar en cualquier programa de TV porque
ello implicaba un amplio reconocimiento posterior de su público.
El programa de Fontana, continuaba emitiéndose cada
sábado. Hoy lleva el nombre Siempre Sábado. Una
emisión de excelente calidad que ha acompañado el cambio
de imagen que se dio en la movida tropical y que mantiene
indemne el marco de respeto y valoración tanto para el público
como para los artistas que participan.
Años más tarde comenzó a generarse en la movida
tropical una corriente que implicaba un cambio de imagen. Se
comenzaban a exhibir 'carilindos' y esto hizo que se
transformara en un hecho común ver en las
habitaciones de adolescentes 'de familia bien' poster de
grupos bailanteros por el solo hecho de que 'estaba fuertes'
y rápidamente sus canciones se transformaban en hits. Con
el cambio de imagen, los artistas comenzaron a ser más
presentables.
¿La clase es la misma?
Con este grado de esquizofrenia en las clases media y alta
es difícil asegurar hasta dónde logró la música tropical
traspasar su lugar de origen. En público se horrorizan ante
estos ritmos pero paralelamente muchos artistas son tapa en
las principales revistas que apuntan a ellos.
Quienes
trabajan en el medio señalan que cuando estalla algún fenómeno
es común ver escucharlos en todos los boliches aún los que
no pertenecen al circuito, pero luego, la gente para la que
tocan todos los fines de semana es la misma. La mayor
trascendencia hacia otros sectores sociales que los
originarios -fuera de los furores iniciales- se da sobre
todo en el verano en la costa atlántica.
Los DJ's de las discos más selectas coinciden en que cuando
pasan este tipo de música la gente en general lo acepta,
aunque la actitud que exhiben es más de 'divertida ironía'
antes de que auténtica diversión. Sin embargo cuando ellos
deben arengar al público con algo decididamente festivo, la
bailanta es quien lo logra cuando canciones más elaboradas
no pueden conseguirlo.
La música tropical es aceptada por todo el mundo. En
cualquier reunión o fiesta dónde se baile, hay un rato de
bailanta, sin embardo fuera de estos ámbitos se la critica.
Para la mayoría seguimos siendo grasas.
* Algo similar puede observarse hoy en la televisión argentina. En uno de los programas de mayor audiencia, el de Marcelo Tinelli, semana tras semana se presenta un grupo tropical que da un mini recital -un solo tema-. Las tribunas del estudio se colman de simpatizantes de la banda de turno como no se colma en otras emisiones. Luego del recital se presenta una imitación la grupo a modo de parodia de excelente calidad que en gran parte esta plagada de sano humor. Sin embargo, parecería ser que en algún momento tienen que 'mostrar la hilacha' y la parodia, sana en su mayoría, se transforma en la ridiculización y exposición pública de la ausencia de piezas dentales en algunos de los músicos. Todos sabemos que la ausencia de piezas dentales, y más en personas jóvenes es consecuencia de la carencia de medios, de educación y de la total ausencia de políticas sociales y asistenciales a los sectores más humildes que es de donde provienen la mayoría de estos artistas. ¿ Es uno el Marcelo Tinelli que critica con excelente humor y calidad a nuestra dirigencia corrupta que ignora las necesidades de los sectores más postergados y el que luego se mofa tan abiertamente de los padecimientos de esta gente o son dos? ¿Es uno que lo único que quiere es vender? Vender por criticar a los corruptos y vender exhibiendo 'criaturas de circo' riéndose de 'los grasas'. El programa es excelente... Aunque a mi criterio hay cosa fuera de lugar.
F.C.
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