|
EL PARAISO YORUBA - LOS
YORUBAS EN AMERICA
No
podía creérmelo; de hecho, todavía no me lo explico».
Francisco Brioso fotografiaba el momento en que un Babalawo
(sacerdote santero) realizaba una ofrenda a la diosa del amor
y la sexualidad, Ochún, en el río Almendrales, La Habana. En
un descuido, resbaló y cayó al agua rodeado de peligrosas
rocas. El resultado, certificado en el Hospital Cira García
(para turistas) fue la rotura del dedo pulgar de la mano
derecha, al que aplicaron escayola. Al día siguiente,
Francisco tuvo la oportunidad (el acceso a profanos o
extranjeros no es común) de asistir a una ceremonia típicamente
santera en la casa de Lázaro Ros, el más importante
representante de la música ritual afro-cubana.
El
extraño suceso que allí vivió quedó grabado a fuego en su
memoria. El acto se celebró en honor al ahijado de Lázaro
bajo los auspicios de Ochún. Francisco tubo el doble
privilegio de acudir acompañado por Natalia Bolívar, antropóloga
y la experta viva con mayores conocimientos en santería.
Desde
el principio, los asistentes a la ceremonia se mostraron muy
interesados en el vendaje que presentaba el fotógrafo. Le
dieron a lamer miel dos veces, cuando lo normal en el ritual
es hacerlo sólo una, y acto seguido el asistente que
encarnaba al espíritu del orixá expelió el humo de un puro
encendido en la mano vendada de Francisco. Acabada la
ceremonia, Natalia informó al improvisado protagonista de la
misma (que no sabía por qué todo el mundo le miraba
sonriente) de la curación de su dedo. El fotógrafo (agnóstico),
en un principio se negó a creerlo. Una hora después visitaba
a un médico cirujano para efectuar una mera comprobación que
le sacara de dudas. La radiografía no dejó lugar a dudas: «Chico.
¿Qué rotura? El dedo está en perfectas condiciones», le
dijo el doctor. Una fractura curada en 24 horas. A Francisco
se le quedó una cara digna de haber sido retratada.
La
verdad es que sucesos similares a éste se dan en le día a día
de La Habana y ya forman parte de la realidad cotidiana del
pueblo cubano...
ORIGEN
Y SINCRETISMO
Todo
comenzó siglos atrás, cuando las tres carabelas capitaneadas
por Cristóbal Colón arribaban al nuevo Mundo. A miles de kilómetros
de allí, en el corazón de África, empezaba la cuenta atrás
para el éxodo forzoso de un pueblo (el yoruba) que nada tenía
que ver con el Descubrimiento. La Historia es, algunas veces,
así de caprichosa.
La
explotación comercial de la América exigió desde el
principio mano de obra barata. ¿Y qué hay más barato que un
esclavo? Desde 1503 hasta finales del siglo XIX se estima que
entre unas 435.000 y 900.000 personas provenientes del
continente africano fueron embarcadas a la fuerza y vendidas
como esclavas en Cuba. Su destino: trabajar en las
plantaciones.
Aquellos
africanos llegados a la isla caribeña procedían de Togo y,
principalmente, del sudoeste de Nigeria. En este último país
se encuentra una vieja ciudad: Ilé Ifé, hoy más conocida
como Ilé Lodun, fundada a principios del siglo XI, tal como
ha quedado registrado en los libros de historia, y cuya religión
es la yoruba, de origen tan antiguo como el mismo hombre. Pues
bien, de las numerosas etnias que arribaron a Cuba, la más
importante en número fue la yoruba, que dio lugar a la Regla
de Ochá, más conocida popularmente como santería. En un ámbito
más reducido también tuvieron cierta influencia la Regla de
Arará o las Sociedades Secretas Abakúa, que merecen un
estudio aparte. Pero de todas ellas, la más destacada y
extendida fue (y hoy en día lo sigue siendo) la santería.
Fruto
del choque entre la religión católica y la yoruba surgió un
sincretismo religioso que constituye uno de los aspectos más
interesantes de la relación amo / esclavo y que permitió la
supervivencia de la religión yoruba. Sincretismo que Natalia
Bolívar atribuye a la permisividad de los colonizadores españoles,
pues si bien los esclavos fueron forzados a recibir una
educación católica, encontraron ciertos parecidos entre los
santos cristianos y sus propias deidades, lo que les ayudó a
aceptar las nuevas creencias. Y así, mientras los españoles
rezaban a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba,
los esclavos veían en la misma imagen a Ochún. De ahí que
hoy podamos encontrar en Cuba una verdadera cultura africana
por la que no parece haber pasado el tiempo. Es, incluso, más
pura que la de origen, ya que se resistió a ser contaminada.
TOMAR
EL SANTO
La
santería se va transmitiendo de generación en generación.
Está fuertemente vinculada al concepto de familia. Según la
religión yoruba, existe un ancestro común que controla las
fuerzas de la Naturaleza. De estos ancestros, aquellos que
disponen de más poder se convierten en orixás (dioses). Pero
de los doscientos que había en un principio, hoy apenas se
venera a una veintena. El ancestro común engloba a toda la
rama de una familia, tanto vivos como muertos. Por eso los
creyentes rezan y dirigen sus ritos a un caldero que contiene
huesos, calaveras o restos provenientes de sus antepasados.
La
ceremonia más importante y vistosa es la toma del santo. Dura
siete días y, durante ese tiempo, se rinde homenaje a un orixá
en concreto. Se necesita un gran número de objetos, alimentos
e incluso el sacrificio de animales. En la Cuba actual, donde
son escasos los productos de primera necesidad, llevar a cabo
esta ceremonia exige un tremendo esfuerzo.
Antes
de la inmolación del animal (generalmente un gallo o gallina)
se le ofrecen hojas de un árbol consagrado. Si las come, es
señal de que el orixá lo recibirá con agrado. La víctima,
atada por las patas, es degollada por el Babalawo (sacerdote).
Cortada la cabeza del animal, ésta es aproximada a la boca
del novicio recién iniciado (ibayó), que lame la sangre
fresca y luego la escupe. Inmediatamente después se produce
un frenético baile de Babalawo con la cabeza del animal, que
es ofrecida al orixá, acto que se repite con cada una de las
partes descuartizadas del mismo.
El
conocido como Día de En medio resulta de los más vistosos.
Es el momento en el que los profanos y extranjeros (que tienen
muy difícil el acceso a estas ceremonias) pueden visitar a la
iyabó, rendida por la fatiga y el cansancio de los días
anteriores. Esta jornada es considerada como el nacimiento de
un nuevo ser al que debe cuidarse como si de un recién nacido
se tratara. El día finaliza con un gran banquete.
LA
DIFÍCIL VIDA DE UNA IYABO
Tras
el Día de Asiento, la iyabó se convierte en «esposa» del
santo. Volverá a su hogar, pero no podrá hacer vida normal
en una año. Estas son las reglas que habrá de observar:
-
Si está casada, dormirá en una cama aparte; si es soltera,
esquivará la compañía de los hombres.
-
No dará la mano a nadie puesto que es intocable.
-
Vestirá siempre de blanco, no se podrá maquillar ni mirarse
a un espejo y protegerá siempre su cabeza con un pañuelo
blanco.
-
Durante los tres primeros meses, tiene prohibido sentarse a la
mesa a comer con otras personas. Sólo tendrá una cuchara
para comer y cortará la carne con las manos.
-
No puede salir de noche y tratará de evitar el calor y el frío.
-
La peor de las faltas que puede cometer es faltar a su
castidad.
BRUJERÍA
Como
sucede con toda religión, la santería también tiene su lado
oscuro, negativo. En Cuba se le conoce con el nombre de brujería;
en Haití se la llama vudú. Ambas tienen características
similares, como es la utilización de macabros muñecos. Pero
ni la brujería ni el vudú deben ser confundidas nunca con la
santería. Sería una barbaridad tal como identificar la
religión católica con el satanismo, por ejemplo.
La
manifestación más temida de la brujería es el cambio de
vida: el paso de una enfermedad mortal de un cuerpo a otro. O
lo que es lo mismo, la salvación de un cuerpo enfermo
arrebatando la salud y vitalidad a otra persona. Este fenómeno
preocupa seriamente al estamento médico cubano, que se ha
reunido en numerosas ocasiones, aunque siempre de forma
clandestina porque se trata de un fenómeno que oficialmente
no existe.
Sirva
el siguiente ejemplo como ilustración: dos enfermos descansan
en el mismo hospital, uno con una simple gripe y otro en
estado terminal. Inexplicablemente, en un par de días el
afectado por la gripe fallece sin motivo alguno, mientras que
el que estaba a las puertas de la muerte recobra la vitalidad
milagrosamente. ¿Respuestas médicas? Sencillamente, no las
hay.
El
cambio de vida requiere alguna prenda de la víctima. Un trozo
de uña, un pelo o un simple calcetín son válidos para el
macabro propósito.
La
familia de un enfermo en cualquier hospital cubano no dejará
solo al paciente ni un instante en cuanto tenga la más mínima
sospecha de que el compañero de habitación es practicante.
De momento no hay denuncias, puesto que (ya lo hemos dicho)
esta práctica no es oficial y, por tanto, teóricamente no
existe. Pero la realidad es otra bien distinta y el ritual del
cambio de vida está tan extendido que incluso se lleva a cabo
en los cementerios, con aquellos que ya han abandonado este
mundo. Cualquier lector que tenga la oportunidad de visitar un
camposanto en Cuba podrá contemplar a simple vista signos
inequívocos de «cambios de vida» personificados en
siniestros muñecos situados sobre las lápidas.
|