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Seba Mendoza, su vida contada por él mismo

Seba Mendoza
Seba Mendoza

Me crié y sigo viviendo en Barrio Lindo, en el sur del Gran Buenos Aires, un barrio de gente humilde que nos conoce de toda la vida y nos ha tratado siempre muy bien. Inclusive ahora, que me dedico a la música y puedo vivir de esto, la relación con el barrio sigue siendo la misma. Y no tengo planes por ahora de irme de ahí. Mi infancia fue tranquila, divertida. Quizá faltaron algunas cosas materiales, como en toda familia humilde, pero nunca nos interesó eso más que lo humano. Puedo decir que si en algo de lo material la pasé mal, ni me di cuenta y eso es por la calidez que se vivió siempre dentro de mi casa. Ya de más adolescente empecé a salir, a conocer la noche y uno tiene algún traspié, errores de jóvenes, pero la vida me fue enseñando que tenia mucho que perder y me encaminé de nuevo. Fue delicado lo que pasó, aunque me pude corregir a tiempo.

Resultó importante la música para mi, también el fútbol. Jugué en Platense y en Ferro, de delantero. Hoy en día sigo siendo muy futbolero y juego con los pibes en el barrio. En mi casa siempre hubo grupos porque mi viejo estaba en la música y uno se va metiendo en ese mundo.Va descubriendo cosas que le llaman la atención. Mi viejo y mi tio Dante me regalaron la primera guitarra a los 8, 9 años. Empecé a tocar, pero después la dejé un poco de lado por el fútbol y porque empecé a salir, hasta que ya de más grande, a eso de los 15, le volvía tomar el gusto a la música. Igual, a los 13 me hice un lugarcito para estar en una banda, que también era onda norteña. Hubo un momento que con un grupo de barrio nos invitaban a tocar en corsos. Yo hacía de plomo y de cantante. Nos tocó compartir escenarios con La Nueva Luna, Daniel Agostini, Los Charros... lugares en los que había como 20.000 personas y nosotros tocando con los instrumentos todos rotos. Era el año '97, '98, Nos dejaban tocar 10, 15 minutos, que era glorioso, se nos hacía que toda la gente nos iba a ver a nosotros, pero nada que ver. Hacíamos temas de La Nueva, de Sombras...en general las bandas de barrio hacen covers de lo que más suena.
Yo llegué a estar en casi seis bandas a la vez. Tocaba la guitarra en una, el bajo en otra, cantaba en dos o tres. Salía del colegio al mediodía y me iba a ensayar para el lado de El Jagüel. Después tomaba el tren a Temperley, hacia el trasbordo a Adrogué y de ahí un colectivo para ir a ensayar con otro grupo, tipo 4,5 de la tarde. Volvía al barrio y me juntaba con unos pibes para tocar rock. Andaba así todo el día, me había reencontrado con la música. Una noche llamó a casa Reynaldo Valverde, de Mala Gata. Que me conocía de cuando grabé con aquella banda de los 13 años y hacíamos norteño. Yo tenía 16 anos y medio, hice la prueba y quedé. Ahí arrancó mi historia como profesional. Cuando aparecí en televisión la gente del barrio estaba loca, se acercaban a mi casa. Yo iba por los pasillos de canal 9 y me cruzaba con los cantantes que yo venía escuchando desde chico, como Daniel Cardozo. Me parecía todo tan raro... Por una cosa o por otra en Mala Gata no estuve mucho tiempo. Fueron unos 9 meses. Después vinieron cuestiones contractuales que resolver y estuve como un año sin actividad. Enzo, que hoy es mi representante, es el abogado que se encargó de todo eso. En ese lapso armé una banda, ya con los pibes que estoy ahora, todos amigos, más e! baterista de Mala Gata, pero que se habia ido antes que yo, y se sumaron mi hermano y mi primo. Empezamos a sonar, como el culo pero sonábamos (se ríe). Mi viejo me regaló una batería usada, lo que le faltaba lo atábamos con alambre, nos prestaron un bajo con las cuerdas oxidadas y a mi primo, Keio, le sangraban los dedos. No teníamos equipo y tocábamos despacito para que yo pudiera cantar y que se oyera. Hasta que conocimos a José y Pablo Giubilei, que ahora trabajan en Canal 9. Dios los puso en nuestro camino a través de Papirola, que es mi manager y es vecino de ellos. Los Giubilei nos prestaron un sonido desinteresadamente y empezamos a tomar la cosa bien en serio. Tuve un ofrecimiento para ir a Ráfaga (cuando se estaba alejando Ariel), pero llegué a casa y pensé que si ese grupo llegó a ser lo que fue, por qué yo con mi gente no podía alcanzar lo mismo. También me llamaron cuando se armaba La Clave Norteña y también respondí que no. Aposté por mi y por los que me rodearon siempre, como hasta el día de hoy. Y a pelearla desde abajo. En nuestra vida también apareció Andrés Grimolizzi, un representante que no puso condiciones, cuando nosotros no teníamos nada, sólo nuestro entusiasmo. Nos mandó a comprar todos los instrumentos, después la ropa y a la semana siguiente nos pusimos a grabar. Volcó toda su fe en una banda de barrio y grabamos el primer disco: "Barrio Lindo". Un tiempo después me dijo que no podía hacer nada por el tema televisión, cosa que nosotros necesitábamos por ser un grupo nuevo, entonces le preguntamos que hacíamos y me dijo que nada, que me liberaba y que creía que con mis condiciones en uno o dos años iba a ser uno de los referentes de mi estilo. Yo pensé "está re loco", pero no se equivocó. Siempre le voy a estar agradecido a Andrés.

*Ver nota completa en la edición
impresa de la revista Musica de mi Tierra" .

Fuente: MDT



   

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