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El Sida y la transmisión sexual
Texto
perteneciente a un artículo publicado en agosto 1999 en el Boletín
de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA
de San Francisco.
por Liz Highleyman
Traducción y adaptación de Christopher Gortner
La
biología de la transmisión sexual.
El
VIH puede transmitirse a través del sexo cuando el VIH en el semen, fluido
vaginal o la sangre de una pareja resulta expuesto a la corriente sanguínea o
las membranas mucosas de la otra pareja.
La
mayor parte de la información disponible sobre la transmisión sexual procede
de estudios animales. En un modelo con monos sobre la infección vaginal por el
virus de la imunodeficiencia simia (VIS), el virus se acopló y fue envuelto por
células inmunológicas del tejido vaginal que contienen el receptor superficial
CD4 (células dentríticas y macrofágos). Las células dentríticas, conocidas
como células de Langerhans, transportan el virus a los nódulos linfáticos
locales, donde el virus es expuesto a los linfocitos T CD4. En menos de tres días
el VIS puede ser detectado en los nódulos linfáticos de la ingle; en cinco días,
los linfocitos T infectados por el VIS y virus libre pueden detectarse en la
sangre. También se han descubierto blancos celulares susceptibles a la infección
por el VIH en el útero (especialmente en la zona cervical, denominada así por
el tipo de célula predominante), el prepucio, la uretra, y el recto.
Factores
que influyen en la transmisión sexual
Se
cree que alrededor de tres cuartas partes o más de todas las personas VIH
positivas contrajeron la infección a través del sexo.
Sin embargo, está claro que la transmisión del
VIH no ocurre durante cada episodio de contacto sexual sin protección. La
transmisión sexual es el resultado de la interacción entre una gama de
factores individuales, factores virales y factores ambientales.
Factores
individuales
Los
factores individuales se definen como las características de la persona que
transmite o recibe el virus. La capacidad de transmitir el virus depende tanto
del nivel infeccioso de la persona VIH positiva como de la susceptibilidad del
receptor. Estos factores varían mucho de unas personas a otras. Existen casos
en los que se transmitió el VIH a través de un solo contacto sexual y otros
casos en los que las personas fueron expuestas varias veces sin resultar
infectadas.
La
capacidad infecciosa de la persona que transmite el virus implica varios
factores, incluyendo la etapa de enfermedad.
El
incremento de la capacidad infecciosa podría estar relacionado con el hecho de
que las personas en la etapa avanzada de la enfermedad por lo general tienen
cargas virales elevadas y cepas más virulentas del VIH. Varios estudios han
demostrado que los niveles elevados del VIH en la sangre están asociados con
una mayor probabilidad de transmitir el virus sexualmente. Las mujeres con la
enfermedad avanzada y una carga viral elevada también corren mayor riesgo de
transmitir el virus por transmisión vertical a sus bebés.
Otros
estudios han demostrado que la carga viral del semen o el fluido vaginal/uterino
también influyen en la transmisión. Por ejemplo, M. Dalod y sus colegas
durante la 37a Conferencia Intercientífica sobre Compuestos Antimicrobianos y
Quimioterapia (en inglés: ICAAC) en septiembre de 1997, declararon que durante
un estudio francés de 15 parejas heterosexuales, los hombres que transmitieron
el VIH a sus parejas femeninas manifestaron cargas virales significativamente
elevadas en su semen en comparación con las de los hombres que no transmitieron
el virus, a pesar de tener cargas virales similares en la sangre. El fluido
genital y la carga viral en la sangre pueden no estar necesariamente
correlacionados y ser afectados de forma diferente por el tratamiento anti-VIH.
Con
frecuencia las cargas virales de la sangre y de los fluidos genitales pueden
resultar extremadamente elevadas inmediatamente después de la infección,
durante la etapa conocida como infección por VIH primaria. Los datos
disponibles sugieren que las personas recientemente infectadas son más
propensas a transmitir el VIH, especialmente durante el periodo de espera antes
de la seroconversión. Algunos investigadores creen que la transmisión del VIH
por personas que se encuentran en las etapas iniciales de la enfermedad podría
tener un papel fundamental en la progresión de la epidemia.
Otros
factores que pueden influir en la capacidad infecciosa incluyen el embarazo y la
fase del ciclo menstrual. El Estudio Europeo sobre la Transmisión Heterosexual
(ESGHT) publicó en la edición del 28 de marzo de 1992 en la revista British
Medical Journal que las mujeres son más propensas a transmitir el VIH a sus
parejas masculinas durante la menstruación. Otro estudio demostró que las
mujeres son tres veces más propensas a tener el VIH en su fluido
vaginal/uterino durante el embarazo.
La
susceptibilidad al VIH también se ve afectada por diversos factores. Es más
probable que la transmisión ocurra cuando la persona tenga rasguños o heridas
en sus membranas mucosas, las cuales son expuestas al fluido genital infectado.
En los hombres, la falta de circuncisión ha sido asociada a una mayor
susceptibilidad a la infección por el VIH, en parte porque las células dentríticas
en el prepucio funcionan como blancos para el virus. El empleo de drogas
vasodilatadoras como los "poppers" también ha sido asociado con un
posible riesgo más elevado de susceptibilidad. En las mujeres, la
susceptibilidad es incrementada por un nivel pH vaginal elevado (un ambiente
vaginal de mayor acidez es protector), la ectopia uterina (la presencia de un
tipo de célula en el exterior del cuello del útero, afección particularmente
común en las mujeres jóvenes), y el empleo de anticonceptivos (las barreras
intrauterinas están asociadas con mayor susceptibilidad, pero los datos sobre
la influencia de los anticonceptivos orales son contradictorios).
Los
investigadores también han determinado que la susceptibilidad al VIH implica co-factores
genéticos. Las personas con dos copias de una mutación específica de un gen
que marca la superficie celular del co-receptor CCR5 parecen manifestar menos
tendencia a ser infectadas por ciertas cepas del VIH. Las personas con una copia
de la mutación tienden a experimentar menos progresión patogénica. La
frecuencia de la mutación varía según las poblaciones; es más elevada entre
personas de descendencia Europea y menor en personas de descendencia africana o
asiática. El tipo de VIH o la cepa que tiene mayor probabilidad de ser
transmitida sexualmente (las cepas M trópicas) emplea el co-receptor CCR5 para
penetrar las células humanas huéspedes. Sin embargo, la protección otorgada
por la mutación no es absoluta; un poco después de proponerse la hipótesis
del CCR5, los investigadores empezaron a descubrir casos de infección por VIH
en personas con dos copias de la mutación genética. Una nueva mutación CCR5
descubierta recientemente y común entre la población negra parece incrementar
la susceptibilidad a la infección al VIH.
Factores
virales
La
transmisión del VIH también puede estar influida por factores virales específicos.
Existen dos tipos de VIH principales: las cepas M trópicas que prefieren
infectar macrofágos y células dentríticas, y las cepas T trópicas que
prefieren infectar los linfocitos CD4. Las cepas T trópicas inducen sincicio (IS)
- en otras palabras ocasionan la formación de grupos de células infectadas y
tienden a ocasionar una progresión más rápida de la enfermedad. Las cepas M
trópicas no inducen sincicio (NIS) y tienden a ocasionar una enfermedad menos
agresiva, al menos inicialmente. Las cepas M trópicas son transmitidas
sexualmente con mayor frecuencia.
El
subtipo de virus también puede contribuir al riesgo de transmisión. Un estudio
tailandés indicó que las cepas subtipo E del VIH-1 tienen más tendencia a
infectar las células dentríticas de la vagina y el pene que las cepas subtipo
B. Algunos investigadores sugieren que esto podría explicar por qué el VIH
tiende a ser transmitido con más frecuencia a través del sexo en esta parte
del mundo.
Factores
ambientales
Los
factores ambientales que influyen en la transmisión del VIH son muchas y
variadas. Incluyen normas sociales acerca del comportamiento sexual y las
relaciones; las actividades sexuales específicas; los métodos de
emparejamiento, incluyendo la incidencia de cambios de parejas; el empleo de
protección como el preservativo; la incidencia del VIH en la población, la
cual determina el número de personas infectadas entre las parejas sexuales
potenciales; y la cantidad de tiempo que la epidemia lleva presente en el área
geográfica. Anal, oral, vaginal - ¿Cuál es el más arriesgado? Los distintos
actos sexuales están asociados con probabilidades variadas de transmitir el
VIH. Se sabe que la penetración anal sin protección tiene la mayor
probabilidad de transmitir el virus, seguida en riesgo por la penetración
vaginal sin protección. El sexo anal es más arriesgado que el vaginal porque
el tejido rectal es más delicado y más propenso a sufrir daños o heridas
leves que facilitan el acceso viral. Tanto para la penetración anal como
vaginal, la pareja receptiva corre un riesgo significativo mayor que la pareja
insertiva, ya que la receptiva es expuesta al semen en el recto o la vagina,
permitiendo un contacto prolongado con las membranas mucosas. El estudio ESGHT
descubrió que la transmisión de hombre a mujer es 1,9 veces más probable que
mujer a hombre durante la penetración vaginal. Aunque el riesgo de infección
es significativamente inferior para la pareja masculina insertiva, la existencia
de dicho riesgo sí ha sido documentada.
Hay
una controversia considerable sobre el riesgo de la transmisión del VIH a través
del sexo oral. Los datos epidemiológicos indican que el sexo oral tiene menos
riesgo de transmisión que la penetración anal o vaginal. Se han documentado
alrededor de 30 informes en la literatura médica de transmisión del VIH a través
de la cópula oral receptiva del pene y menos casos sobre la transmisión por
inserción oral o cunnilingus (sexo oral sobre una mujer); solo hay tres
informes de infección en la pareja insertiva durante la cópula oral. La mayoría
de los estudios epidemiológicos basados en poblaciones no han descubierto
evidencia significativa de transmisión a través del sexo oral; sin embargo la
investigación es difícil, ya que pocas personas participan sólo en sexo oral
excluyendo otras actividades sexuales.
El
riesgo de transmisión a través del sexo oral es probablemente mayor si la
pareja receptiva padece enfermedades de las encías, otras afecciones orales o
heridas en su boca, o si hay sangre presente, por ejemplo debido a estas
afecciones. El riesgo de transmisión a través de cunnilingus es mayor si la
pareja receptiva está menstruando. En su análisis de la transmisión oral del
VIH en la edición del 12 de noviembre de 1998 de la revista AIDS, Richard
Rothenberg y sus colegas concluyeron que "la penetración oral sin protección
es una actividad común de bajo riesgo infeccioso, pero no inexistente."
Sin embargo, la incidencia de casos de infección a través del sexo oral han
incrementado durante los últimos años, posiblemente debido a una incidencia
mayor de esta actividad en vez del sexo anal.
La
transmisión del VIH de mujer a mujer es teóricamente posible, pero los datos
epidemiológicos indican que es poco común. Se han documentando solo dos casos
de transmisión probable a través del sexo lesbiano en la literatura médica,
uno de los cuales incluyó la exposición a sangre.
Varios
investigadores han intentado cuantificar el riesgo de transmisión del VIH
asociado con actividades sexuales específicas, con resultados muy variables.
Durante la 5a CROI en febrero de 1998, E. Vittinghoff presentó estimados del
riesgo por contacto de varias actividades homosexuales masculinas. Descubrió
una probabilidad de 0,0024 de transmisión a través del sexo anal receptivo sin
protección y de 0,0003 a través del sexo anal insertivo sin protección, igual
que el sexo oral receptivo sin protección.
La
carga viral genital
Semen
El
VIH ha sido detectado en los linfocitos CD4 y macrofágos en el fluido seminal,
pero probablemente no está presente en las células del esperma en sí. Varios
estudios han analizado la carga viral en el semen y su relación con la carga
viral sanguínea; desdichadamente, diferentes estudios han revelado resultados
divergentes, dificultando su interpretación.
Vernazza
y sus colegas publicaron en la edición de julio de 1997 de AIDS que la
carga viral en el semen está correlacionada con la carga viral sanguínea y el
estado inmunológico determinado por el número CD4; las personas con números
CD4 bajos mostraron cargas virales sanguíneas y seminales más elevadas.
Durante la CROI de febrero de 1999, J. Evans y sus colegas reportaron que hay
una correlación entre la carga viral del semen y de la sangre, pero la carga
viral en el semen es menor por alrededor de un logo (diez veces) que la carga
sanguínea. Otros estudios indican que existe poca correlación entre las cargas
virales, y que una carga viral seminal elevada no está asociada necesariamente
con el grado de compromiso inmunológico. Por ejemplo, J. Kriegar y sus colegas
publicaron en la edición de febrero de 1991 de la revista Journal of
Infectious Diseases que la descarga del VIH en el semen no estaba
correlacionada con el estado de enfermedad o el número de CD4.
Phalguni
Gupta de la Universidad de Pittsburgh y sus colegas declararon durante la CROI
de febrero que la carga viral en el semen puede resultar de gran variación en
cada persona. Los investigadores descubrieron que en un grupo de 18 hombres, el
28% no descargó VIH en su semen, el 28% descargó virus continuamente y el 44%
lo descargó de forma intermitente. Gupta concluyó que muchos de los hombres
"tienen niveles muy elevados de virus en su semen en ciertas etapas y luego
niveles más bajos durante otras etapas... En algunos de los hombres, los
niveles de virus en el semen pueden variar de día a día... Esto indica que
algunos hombres son más propensos a transmitir el virus a través del sexo
arriesgado durante ciertas etapas." Gupta añadió que "no se puede
confiar en las pruebas de sangre" para asesorar el riesgo de transmitir el
VIH sexualmente.
Aunque
la carga viral generalmente incrementa conforme progresa la enfermedad VIH, el
virus puede ser descargado en el semen durante la etapa temprana; es hasta
posible que esta descarga logre su nivel más elevado un poco después de la
infección inicial. De hecho en la edición de septiembre de 1992 de la revista AIDS,
B. Tindall afirmó que pudo detectar el VIH en el semen de tres hombres
empleando la prueba PCR en los 17 días anteriores al inicio de la etapa de
enfermedad primaria (antes del desarrollo de anticuerpos al virus pero después
de la exposición e infección por el virus). Tindall sugirió que los hombres
podrían ser "potencialmente propensos a transmitir el VIH durante la
actividad sexual incluso en las primeras semanas de infección."
El fluido pre-eyaculatorio
El
VIH ha sido detectado en el fluido pre-eyaculatorio pero en cantidades menores
que en el semen. En la edición del 12 de diciembre de 1992 de la revista The
Lancet, J. Pudney y sus colegas publicaron que durante ensayos de
laboratorio descubrieron células infectadas por el VIH en muestras pre-eyaculatorias
procedentes de seis de nueve hombres VIH positivos. El VIH fue detectado en el
fluido pre-eyaculatorio de hombres sintomáticos y asintomáticos, y en hombres
que tomaron o no tomaron AZT. Los datos epidemiológicos indican que la exposición
anal, vaginal y oral al fluido pre-eyaculatorio es una vía de transmisión del
VIH de significativo menos riesgo que la exposición al semen. Sin embargo, no
se puede descartar la posibilidad de transmitir el virus a través del fluido
pre-eyaculatorio, y existen varios informes de casos de transmisión por esta vía.
Pudney y sus colegas concluyeron que hay que implementar más investigaciones
sobre este tema, pero que "hasta [que haya mayores estudios] se debe
considerar el fluido pre-eyaculatorio como potencialmente infeccioso y evitar la
exposición a este practicando el sexo con protección."
Secreciones
vaginales / uterinas
El
VIH puede ser detectado en las secreciones vaginales y uterinas de las mujeres
VIH positivas. Durante la CROI de febrero, la Doctora Susan Cu-Uvin y sus
colegas reportaron que habían observado una correlación entre el VIH del
fluido uterino-vaginal (FUV) y la carga viral sanguínea. Durante un estudio de
95 mujeres, aquellas con una carga viral menor de 400 copias por mL no
manifestaron una carga FUV detectable; entre aquellas con una carga de 401-9.999
copias, el 4% manifestó carga FUV detectable; y entre aquellas con una carga
viral mayor de 10.000 copias por mL, el 53% mostró una carga FUV detectable.
Las mujeres con números CD4 bajos también resultaron ser más propensas a
manifestar una carga FUV detectable. En otro estudio elaborado por Cu-Uvin,
presentado durante la Conferencia Mundial del SIDA en 1998, 45 de 172 mujeres
VIH positivas mostraron una carga viral mayor en su sangre que en su fluido FUV,
mientras que 16 mujeres manifestaron una carga FUV más elevada. Durante este
estudio, el 96% de las mujeres con una carga viral sanguínea indetectable también
mostraron una carga FUV indetectable. Los investigadores no lograron determinar
un nivel de carga viral sanguínea que resulte tan bajo que excluya la descarga
genital del VIH.
El
nivel del VIH en el fluido vaginal-uterino puede ejercer un impacto sobre la
transmisión sexual y la transmisión vertical de madre a hijo. En el estudio
animal Otten descrito previamente, las macaques hembras mostraron materia genética
del VIH en su fluido vaginal-uterino en la semana después de la exposición,
antes de que el VIH resulte detectable en la sangre, lo cual sugiere que la
transmisión es posible incluso un poco tiempo después de la infección
inicial. P. Reichelderfer y sus colegas señalaron durante la CROI de febrero
que la descarga del VIH en el fluido vaginal-uterino humano parece variar
durante del curso del ciclo menstrual, alcanzado su nivel más bajo durante la
etapa folicular y su nivel más alto durante la menstruación.
Carga
viral rectal
Las
secreciones en el recto también pueden contener VIH. C. Celum y sus colegas señalaron
durante la reunión anual en 1997 de la Sociedad Americana sobre Enfermedades
Infecciosas (en inglés IDSA) que durante un estudio con diez hombres VIH
positivos, nueve de los cuales estaban tomando tratamiento antirretroviral, seis
mostraron cargas virales rectales detectables. De un total de 33 muestras
rectales, cuatro indicaron una carga viral rectal mayor de la carga viral sanguínea
correspondiente. La presencia del VIH en el recto tiene implicaciones para la
transmisión del VIH a una pareja insertiva durante la penetración anal sin
protección.
¿Puede
el tratamiento anti-VIH reducir la capacidad infecciosa?
Los
estudios todavía no han logrado determinar de forma concluyente si TARSA es
capaz de reducir la posibilidad de transmitir el VIH, pero hay indicaciones de
que el tratamiento que reduce la carga viral en el semen y el fluido
vaginal-uterino puede contribuir a una reducción en la capacidad infecciosa.
En la edición del 12 de septiembre de 1994 de la revista Annals of Internal
Medicine, M. Musicco y sus colegas reportaron que los hombres tratados con
AZT manifestaron una probabilidad inferior en un 50% de transmitir el VIH a sus
parejas femeninas que los hombres no tratados. AZT también ha demostrado su
capacidad para reducir la transmisión vertical de madre a hijo hasta en dos
tercios. Como se ha señalado previamente, es probable que los regímenes de
combinación más eficaces que logren penetrar el área genital ejerzan mayor
impacto.
Durante
la CROI de febrero, el Doctor Jonathan Kaplan de los CDC revisó la información
actual disponible sobre el efecto del tratamiento antirretroviral y la transmisión.
Kaplan sugirió que las personas que toman fármacos antirretrovirales potentes
probablemente sean menos infecciosas. Sin embargo, por ahora la disponibilidad
de TARSA no ha ejercido un efecto sobre la incidencia del VIH (frecuencia de
nuevas infecciones). Kaplan atribuyó esta falta de efecto en parte al hecho que
con frecuencia las personas recientemente infectadas con cargas virales elevadas
no saben que son VIH positivas y no están recibiendo tratamiento - y con
frecuencia no están practicando sexo con protección. En otras palabras, las
personas que no toman el tratamiento antirretroviral podrían ser las más
propensas a transmitir el VIH.
No
se ha determinado por completo el efecto que el tratamiento ejerce sobre las
cargas virales del semen y el fluido vaginal-uterino. En la edición de agosto
de 1997 de AIDS, Eron y sus colegas demostraron que los regímenes con
dos a tres fármacos redujeron la carga del VIH en el semen en un 90%, y que las
reducciones en la carga seminal son paralelas a las reducciones en la carga
sanguínea. Varios equipos de investigación también han reportado que
TARSA reduce la carga viral en el semen.
El
Doctor Kenneth Mayer y sus colegas indicaron durante la reunión IDSA de
septiembre que el 60% de los 22 hombres en su estudio mostraron cargas virales
detectables en su semen antes del inicio de TARSA, comparado con el 20% que
inició el tratamiento. J. Evans y sus colegas afirmaron durante la CROI que una
"proporción significativamente elevada" de hombres que tomaron el
tratamiento antirretroviral manifestaron cargas seminales indetectables en
comparación con hombres que no tomaron el tratamiento. El grupo de Cu-Uvin
descubrió que del 88 al 94% de las mujeres en tratamiento manifestó una carga
FUV indetectable, en contraste con el 61% de las mujeres que no tomaron el
tratamiento.
Pereira
y sus colegas presentaron datos durante la CROI de este año que sugieren que,
una vez iniciado el tratamiento, podría tomar más tiempo suprimir la carga
viral en el semen que en la sangre. La carga viral en la sangre resultó
indetectable en los nueve hombres del estudio al día 14 a partir del inicio del
tratamiento, pero la carga viral del semen no resultó indetectable en todos los
hombres hasta el día 56.
Las
investigaciones recientes sugieren que incluso el régimen TARSA más eficaz no
elimina el VIH por completo del semen o del fluido vaginal-uterino. El Doctor
Roger Pomerantz y sus colegas reportaron en la edición del 17 de diciembre del New
England Journal of Medicine que lograron detectar el ADN del VIH en el semen
de hombres con cargas virales sanguíneas indetectables. El ADN proviral es
materia genética del VIH integrada en el cromosoma de una célula humana huésped.
A través del empleo de la prueba PCR, los investigadores descubrieron esta
materia genética en células seminales latentemente infectadas de cuatro (de un
total de siete) hombres que estaban tomando TARSA y tenían cargas virales
indetectables en la sangre.
Los
investigadores aislaron el VIH capaz de infectar a otras células del semen de
dos de estos hombres. Las cepas detectadas fueron M trópicas, la clase de virus
que tiene mayor probabilidad de ser transmitido sexualmente. Pomerantz concluyó
que "hombres infectados por el VIH 1 que toman TARSA y tienen cargas
virales indetectables en su sangre todavía pueden ser transmitir el virus . . .
Incluso personas que se benefician de los nuevos regímenes deben usar
preservativos y practicar el sexo seguro." En su estudio de mujeres, Cu-Uvin
y sus colegas descubrieron también que la materia genética del VIH pudo ser
detectada en las secreciones del 3% de las mujeres VIH positivas que tomaban
TARSA y tenían cargas virales indetectables
Mientras
no se llegue al consenso de que las determinaciones de la carga viral en la
sangre no presentan una indicación fiable de la carga viral en los fluidos
genitales, no se puede establecer el mínimo de carga viral seminal o vaginal
que excluya la transmisión del VIH. En el caso de la transmisión de madre a
hijo, aunque el tratamiento con AZT y una carga viral sanguínea menor están
asociados con una reducción del riesgo de transmitir el VIH, no se puede
determinar un nivel mínimo donde la transmisión no pueda ocurrir. Lo mismo
podría ser cierto para la transmisión sexual.
La
reinfección
Muchos
educadores del SIDA recomiendan que las personas VIH positivas practiquen el
sexo seguro, empleando siempre preservativos para la penetración anal o
vaginal, incluso con parejas VIH positivas debido a la posibilidad de sufrir
reinfección con cepas nuevas del VIH, posiblemente más virulentas y
resistentes a diversos fármacos. Sin embargo, hay pocos datos que indiquen
que la reinfección ocurre realmente, aunque en todo caso sería difícil de
documentar debido a la existencia de múltiples cepas en algunas personas VIH
positivas. El Doctor Jay Levy afirma que "no se ha llegado a documentar la
incidencia de infección por más de una cepa del VIH 1 in vivo, pero
probablemente es [una situación] rara."
Algunos
estudios en desarrollo están analizando la superinfección de células huéspedes
por más de una cepa del VIH. Se ha documentado que la infección inicial por
una primera cepa tiende a interferir con la infección por cepas subsiguientes a
través del bloqueo de los receptores celulares. También existen algunos
informes sobre la infección doble con dos cepas del VIH en una persona. Las
investigaciones recientes señalan que este fenómeno, considerado infrecuente,
puede ser más común de lo que se pensaba. La Doctora Patricia Fultz y sus
colegas publicaron en la edición de abril de 1998 de la revista Journal of
Virology y durante la ICAAC de septiembre 1998 que análisis PCR de la
materia genética del VIH en la sangre y nódulos linfáticos de chimpancés
demostraron que es posible detectar una segunda cepa viral en un individuo
superinfectado, pero solo en las primeras seis semanas después de la exposición
a la nueva cepa. Los investigadores lograron detectar la segunda cepa en todos
los chimpancés superinfectados, aunque la detección requirió una prueba PCR
específica a la cepa; las pruebas estándar no detectan cepas secundarias, quizás,
de acuerdo con Fultz, porque la infección inicial mantiene de alguna forma a la
segunda cepa bajo control.
En
conclusión, no se sabe si la reinfección es un hecho normal o si la infección
con una cepa del VIH protege de la infección por nuevas cepas. Aunque no se ha
comprobado que exista reinfección por nuevas cepas del VIH, las personas VIH
positivas siguen en riesgo de contraer otras ETS a través del sexo sin protección,
las cuales pueden resultar sumamente perjudiciales para la salud.
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El
traductor no se hace responsable por errores u omisiones que pueda
incluir este documento, así como tampoco por daños a personas que
puedan surgir por la aplicación de estos tratamientos. Todo tratamiento
medico debe estar indicado, dirigido y supervisado por un médico con
responsabilidad legal sobre el paciente.
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